viernes, 20 de mayo de 2016

Introducción

Introducción

Argumentar   es   aportar   razones   para   defender   una   opinión,   un   punto   de   vista. Argumentamos cuando creemos que debemos apoyar o refutar un hecho o asunto. Al argumentar pretendemos que el otro cambie de opinión, se convenza, se ponga del lado del punto de vista que defendemos. Para conseguir el efecto revolucionario de la argumentación, es decir, que el destinatario resulte persuadido,   el   productor   del   texto   persuasivo   deberá   reunir   argumentos   pruebas,   razones con   los   que   dar   credibilidad   a   su   discurso   y   presentarlos coherentemente de manera que conformen un conjunto semántico y  lingüístico capaz de modificar las convicciones de quien nos escucha; ofrecer una sucesión de pruebas clara y ordenada es, sin duda, una de las tareas más complejas del texto argumentativo, pero no la única ni la más importante. 
De lo que  verdaderamente depende que un texto realice su función persuasiva es de que   esos   argumentos   sean   los   adecuados   a   los   destinatarios   y   a   la   situación   de comunicación en relación con el asunto a tratar; son los elementos pragmáticos de la comunicación el productor, destinatarios, contexto  verdaderamente condicionan la   tarea argumentativo ­persuasiva,   de   los   que   depende   que   el   acto   de   habla   que representa el texto argumentativo culmine felizmente su cometido o fracase en su tarea de incidir en el receptor. La argumentación es, en consecuencia, una tarea compleja, que exige dominar mecanismos lógicos y psicológicos pero también aspectos estrictamente comunicativos y contexto ­dependientes pues es ahí donde la argumentación encuentra su verdadero sentido discursivo. 
La función de la argumentación difiere por tipos como ser:
la función apelativa: que esta centrada en el receptor mediante esta la función del emisor espera conseguir una reacción o respuesta por parte del receptor. la función propia del mandato y la pregunta. es característica de la publicidad. Utiliza recursos lingüísticos como el imperativo, preguntas y un vocabulario extenso. También cumple con la función expresiva: se centra en la primera persona y su efecto de sentido es identificar .Esta permite al emisor exteriorizar sus actitudes, sus voluntades y el grado de interés o de apasionamiento con que realiza determinada argumentación.

Con todo, es todavía muy frecuente encontrar textos argumentativos que se ajustan, en mayor o menor medida, a la estructura característica de la retórica clásica [importante disciplina de en la cultura y la educación de la Grecia y la Roma antiguas: consistía en un conjunto muy codificado de normas y usos que regía el “arte del bien hablar cuyo fin es deleitar, persuadir y conmover al auditorio”], por ejemplo en los procesos judiciales.  Distinguía ésta cuatro partes en el texto argumentativo bien construido que todavía hoy dan forma a la estructura básica –aunque no la única, lógicamente- de la argumentación:


Las partes en las que se puede dividir un texto argumentativo son:
  1. Introducción: Plantea el tema que se va a tratar.
  2. Cuerpo argumentativo: Está constituido por todos los argumentos o razones que aporta el emisor para defender su opinión.
  3. Conclusión: Es el resumen del texto.







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